El LABERINTO como camino DE INICIACIÓN

Laberinto San Francisco

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El LABERINTO como camino iniciático

"A todos los dioses, miel; a la Dama del Laberinto, miel"

Preparando los viajes a Creta de este año y los rituales que allí haremos del laberinto se me ha ocurrido escribir unas letras sobre esta herramienta mágica y transformadora.

Es muy probable que hayas deambulado por los senderos sinuosos de un laberinto, quizás lo hayas hecho por diversión o como práctica de desarrollo personal y espiritual. Según la ley de correspondencia  “como es arriba es abajo” o “como es adentro es afuera”, toda acción externa implica a nuestro interior y a nuestra psique.  Por lo que recorrer un laberinto, deambular por sus senderos, llegar al centro es adentrarnos en nuestra mente, recorrer sus recovecos y acceder a nuestro corazón, nuestro centro. Adentrarse en el laberinto es un camino iniciático.

Se tiene constancia que los primeros rituales estuvieron relacionados con la cueva paleolítica, tal como atestiguan las piedras-ofrendas encontradas en los fondos de las cuevas; y es muy probable que éstos se asociaran a un renacimiento simbólico. Además de la cueva, relacionada con la Diosa Madre, aparecen símbolos como la espiral, meandros y laberintos. Traspasar el umbral y penetrar en el seno de la Tierra fue visto como sagrado y es muy posible que estos símbolos se asociaran al sendero que conecta el mundo visible y el invisible, una forma de retornar a la Madre primigenia.

Distintas tradiciones y los nombres de muchos laberintos muestran su conexión con el elemento femenino. En la tradición Hopi es un símbolo de la madre tierra, marcando el lugar (conocido como el lugar de emergencia) donde la humanidad surgió en el mundo actual tras la destrucción del mundo anterior. En las costas de Escandinavia existen muchos laberintos construidos por pescadores con el fin de obtener una pesca abundante y retornar a salvo al hogar. Los nombres de estos laberintos los relacionan con doncellas y su cortejo, mostrando su vinculación con la fertilidad, y la posible razón por la que los pescadores los construyen para generar abundancia.

El origen del laberinto es muy antiguo, su aparición fue de forma simultánea en diferentes lugares del planeta, en diferentes culturas. No ha sido posible verificar cuando se creó el primer laberinto, ni donde surgió, ni su porqué. Encontramos laberintos tallados en la roca de la edad de Bronce en Cornualles (1700 AC), En monedas en Creta (s V AC), En Irlanda, Arizona, Rusia, Italia, México y muchos otros lugares más. Algunas culturas perdieron su significado del laberinto mientras otras lo han perpetuado con distintas similitudes. 

El laberinto como iniciación: Toda iniciación provoca una nueva forma de ver la vida, donde el iniciado comienza una nueva etapa provocada por su transformación personal. Quizás sea el motivo por el que las iniciaciones han sido asimiladas con viajes o peregrinaciones. Como no podía ser de otra manera,  el recorrido del laberinto se relacionó con la peregrinación, así recorrer laberinto de Chartres  fue tratado como un equivalente al peregrinaje a Tierra Santa y el centro del laberinto fue conocido como “la Jerusalén celestial”.

La palabra Laberinto tiene un origen pre-griego; Formada por la palabra arcaica “Labrys”, cuyo significado es “doble hacha” y el sufijo “inthos” con la connotación de “Lugar”. El sufijo indica que el laberinto es un lugar, un espacio sagrado.  Como espacio sagrado ayuda a conectar con lo que no es visible y los reinos que aquí habitan. Su orientación, estructura, forma y el lugar donde se ubica permite un acceso “otro lado”. La doble hacha es una herramienta ritual asociada con la Mariposa (transformación) y con la mismísima Diosa. En el arte cretense minoico, la Doble Hacha, aparece en manos femeninas, con lo que no es descabellado pensar que las sacerdotisas abrían el lugar de su espacio sagrado para el iniciado que deseara se adentrarse en él. Creta es la heredera de la tradición Neolítica donde el laberinto es la forma de encuentro con Ella, la “Gran Dama del Laberinto”.

“a la Dama del Laberinto, 1 ánfora de miel"

Las tablillas encontradas en Cnosos, de datación micénica con escritura lineal A, se ofrecía a la Dama del Laberinto un ánfora de miel.  Es curioso que en el lugar donde la tradición y la leyenda, vincula el laberinto con el minotauro y el rey Minos, se encuentren ofrendas para la Dama del mismo. Me hace pensar que la leyenda de Teseo no es más que una evolución de la original, pues en una cultura como la minoica donde la figura femenina es exaltada, es difícil concluir que fuera un “rey” y no una reina quien gobernara.

Pero siguiendo con las tablillas y la misteriosa Dama. ¿Quién es ella? ¿Ariadna?; ¿Pasifae?, y si fuera Ariadna ¿Ofrecería su hilo mágico en el camino de transformación? ¿Ayudaría a contactar con la Fuente?

Según la leyenda*, el laberinto construido por Dédalo para ocultar el minotauro estaba cubierto recordando la ancestral cueva iniciática. El enfrentamiento con el monstruo recuerda antiguos rituales que han llegado hasta nuestros días de formas bien distintas hasta nuestros días. Entre ellos encontramos ritos asociados a la renovación, a la transformación, ritos funerarios, celebraciones de resurrección, bailes de fertilidad y festividades según el ritmo que marca el sol en el cielo.

Un camino iniciático,

una Dama guardiana,

un hilo conector,

un centro simbólico…

¿Te atreves a entrar en el Laberinto?

Con Amor

© Susana Ortega

* Leyenda del laberinto en la mitología griega: La mitología griega asoció al laberinto con el monstruo del minotauro y el enfrentamiento del Héroe con el. La leyenda relata que  debido a la derrota de Atenas ante Creta, la ciudad debía enviar 7 hombres y 7 mujeres como tributo cada ocho años al rey Minos para ofrecerlos al Minotauro. Teseo se ofreció el mismo y en la última remesa partió junto con los demás. Ariadna, hija del rey Minos y la reina Pasifae, se enamoró de Teseo y le propuso ayuda si la llevaba con el de regreso a Atenas. Teseo accedió. Ariadna consultó con Dédalo, quien había construido el laberinto, para que le indicará cual era la mejor manera de salir con vida de los sinuosos pasadizos. Dédalo le entregó a Ariadna un ovillo para que Teseo atara al principio del laberinto y se adentrará en el a enfrentarse con el Minotauro y una vez cumplida su misión salir con vida del mismo.

Teseo culminó exitoso su aventura y al salir zarpó con Ariadna de regreso a Atenas. En el camino pararon en la Isla de Naxos, y aprovechando que Ariadna dormía, Teseo embarcó dejándola allí. Al llegar a Atenas las velas negras ondeaban en el barco y el padre de Teseo pensando que éste había muerto se mató. El Dios Dionisio encontró a Ariadna en la Isla de Naxos, se enamoraron y casaron, como regalo de bodas le dio una maravillosa diadema que brilla en el cielo Aurora Borealis.